Ella es María del Socorro Agudelo Acevedo quién aprendió el arte de la cocina probando los frutos de la tierra y descubriendo así combinaciones que parecían magia salida de sus manos, decide regresar a la provincia donde ya se veía el inicio de los caminos para recorrer distancias entre cada pueblo, con tablas de madera y pajas abre un sitio en la altura de la montaña donde los viajeros pudieran parar a comer algo, abierto el lugar se rego la voz de su sabor, de su sazón única para los frijoles, del gran sabor de sus cerdos, de sus caldos levanta muertos mejor que los de las matriarcas, del exquisito y jugoso sabor de su carne en la brasa, como había tanto que hacer busco ayuda, encontró a Leticia su fiel asistente a quien enseño sus artes “prohibidas de la cocina” y así se volvió famoso el sitio, este acontecimiento se volvió una historia, la historia se convirtió en mito y el mito se convirtió en leyenda.